¿Han de creer que desde que cumplí doce trece años
periódicamente se me saluda con un comentario acerca de mi peso? Y no lo digo
en broma, mientras más gane más sutil y mientras más pierda más eufórico. Claro
está que perder peso no es del todo malo pero ¿qué dice esto de la dependencia
que sentimos hacia la apariencia? ¿No les resulta increíble como las mujeres
pasamos horas matándonos por vernos bellas, que los hombres (o mujeres) digan
que estamos buenas y ser la envidia de todos? Como una mujer pasa horas
hablando de su dieta y como otra tiene una cajita con las tarjetas de los cirujanos plásticos. Apenas y tuve la
edad suficiente para poder decirse que
tenía senos todos esperaban que tuviera novio. Me mandaban dietas y se ofrecían
a maquillarme y peinarme, un gesto dulce claro pero ninguna se ofrece a enseñar
a ser interesante y enamorar… ¿Se espera que seamos trofeos bien pulidos y con
cero grasas o valemos más que un artículo en la pared? Tanto que rechazamos la
idea del matrimonio sin amor pero se nos alude a vernos hermosas, a tener
abdomen plano y un cabello brillante pero no a tener mentes hermosas y al
atrapar un hombre, ¿con que se le retiene? ¿Cuál es la diferencia de casar a
una muchacha por dinero o conexiones y casar a una muchacha para llevarla en el
brazo y encima el papá paga todo? ¿No es casi lo mismo que venderla? Claro que
el efecto monetario que existe de parte de este intercambio es diferente pero
la conclusión social es la misma, somos objetos.
Y hablemos de lo sexy. Como nos han educado y
repetido por años que unos tacones negros y una falda corta con la figura
correcta levanta de todo, ¿desde cuando es eso en verdad importante? ¿Por qué insistimos
en mostrar nuestra sensualidad revelando cosas que se ven hasta más “sexy”
siendo un misterio? ¿O que los regalos de navidad eran más intrigantes sin
envoltorio? Como hemos dejado que estos términos formen a una sociedad que deja
la intelectualidad de lado por completo, se ignora la belleza de la mente y se
conforman por unos pechos redondos.
Claro está que cada vez que se le escucha a una
mujer hablando así siempre sale el imbécil (o la imbécil, suele ser el caso)
con el comentario “no tienes por qué no quieres” y a esos se les agradece por
resalar lo obvio. Mujeres que comparten este ideal desean ser más que objetos,
desean ser personas con mentes y cuerpos. Esto debería llegar a los oídos de
las agencias de publicidad, por cierto. Que dice de nuestra cultura que cada
vez que prende la televisión solo veo comerciales de mujeres hablando de verse
sexy y no de ser atractiva y productivas. Eso es de hombre, claro está. En
comerciales de trajes, zapatos y relojes
de caballero se habla de actitud, de respeto y de ser profesionales y exitosos, nunca se ven
baratos. Las mujeres, por otro lado se ven como de oferta. ¿Por qué la creencia
de que toda mujer quiere hombre? Toda mujer debe verse sexy o va a morir con
cinco gatos y una revista Hola. Que patética la visión que hemos dado al mundo
de lo que somos y de lo que podemos dar.
¡Ah, y por cierto lectora! Nunca vas a ser sexy. Ni
bonita, ni hermosa. Eso te lo deja claro el mundo. Todo aquel que te digo que
eres cualquiera de esas cosas solo quiere dinero o meterte en la cama. La sociedad
prohíbe que una mujer llegue a un estándar impuesto por años de machismo. Ni se te ocurra intentar copiarte de Kate
Moss, nunca vas a estar a su nivel. Y si les soy sincera, me alegro de no
estarlo, debe dejar a uno exhausta tratar de ser ella.
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