Hola, mis queridos lectores. ¿Cómo les va? Siento que debería preguntarles eso más seguido. ¿Cómo los trata la vida? Espero que bien, o moderadamente bien, suficientemente bien como para poder actuar normal en público sin que les pregunten si les pasa algo. En fin, ya cumplí mi parte de interesarme en ustedes y ahora pasare a mi seleccionado método de egocentrismo al contarles una anécdota que me ocurrió hoy. No sé si lo saben pero yo ando en metro todos los días y me encanta. “Pero Erika ¿Cómo te va a gustar andar en ese antro de suciedad y recostones?” ¡Buena pregunta, querido lector! Amo andar en metro por la simple razón de que logro ver a toda clase de persona en los vagones, las madres con sus hijos desesperados con sueño y calor, los ancianos con cataratas que andan parados para sentirse jóvenes, los trabajadores con miradas cansadas y audífonos en sus oídos para ahogar los sonidos de la realidad, estudiantes con ganas de no llegar nunca a su destino… Ustedes ...
Escribo de vez en cuando. Soy una queja andante