Les seré sincera, la primera vez que escuche que Caracas es la segunda ciudad más violenta del mundo me reí. Lo sé, es una reacción un tanto fría pero me resulto tan poco relevante, tan obvio. Vivir en Caracas es algo interesante, al menos para mí. Podría pasar horas solo viendo como la gente interactua, los actos de gentileza que pasan todos los días y las muertes y los robos tan frecuentes que ya pasan a ser una estadística más. Vivir en Caracas es tener que vivir bajo unas extrañas reglas impuestas por la misma situación que sufrimos. Es pasar por la calle con la cartera adelante, andar en el metro sin sacar el teléfono, no insultar a nadie cuando se maneja, no bajar el vidrio… Son pequeños consejos de los que ya no se hablan, frases que tu mama te recuerda antes de salir a la calle. Ya vivir así es costumbre, es parte ya de la cultura venezolana y nadie hace nada al respecto. No pienso sacar a relucir la ira...
Escribo de vez en cuando. Soy una queja andante