El Vals de las Divorciadas Parte I.
Siempre me ha resultado increíble cómo nos crían
para ser frívolas. Por muy revolucionarias que puedan ser nuestras madres o muy
tradicionales los abuelos, no importa el fondo familiar, ni monetario ni
político las mujer somos criadas frías.
Claro que aunque todas ya tenemos uno que otro programa preinstalado,
una mujer tiene la inclinación a poder pasar una hora hablando de accesorios y
luego pasar a criticar el peso de la otra. No importa cuánto se trate de negar
por parte de todas nosotras, las feministas que nos pasamos la vida exigiendo
igualdad de género (las feministas de verdad, no esas que por un lado dicen que
una mujer no necesita hombre y por el otro regañan al esposo por no abrirles la
puerta del carro) todas tenemos la capacidad de ser vacías y superficiales, un
charco al lado del Pacifico, por poner un ejemplo.
A mí
siempre me ha parecido muy simpática la idea de que todas somos así, solo que
los modelos defectuosos son aquellos que no pueden evolucionar, no salen de los
temas de moda. Son esos celulares que
tienen un software muy viejo y ya las actualizaciones no entran. Esta idea me
entretiene bastante en reuniones, al ver a mujeres de todas las edades hablando de lo mismo. Es como una evolución, la de estos equipos
defectuosos que se ven salidos de la tienda, por darle un nombre… Son esas
niñas que pasan toda la niñez, la juventud
y la adolescencia con un formato
prediseñado para sentarse cada año a soñar con haber entrado en el miss
Venezuela, son esas que no salían de hablar de la banda del momento y se morían
si uno sacaba la palabra sexo en una conversación pero están claras que quien
tenía con quien. Son esas que representan los sueños de madres e hijos, en
diferentes estilos pero época simultaneas, la madre sueña con una hija así y el
hijo sueña con… bueno, se dan la idea. Esas que nunca cambian los temas de
conversación. Estos fenómenos en el
siglo XXI son casi hermosos de ver y aun mas entretenidos de oír por que
provoca grabar las conversas y ponerlas de fondo, puesto a que funcionan como
el ruido blanco, el cerebro hace todo lo posible por concentrarse en cualquier
cosa que no sea eso, ¡lo vuelve a uno hasta más productivo!
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